Estamos ante una revolución tecnológica que no tiene intención de detenerse. La protección de los datos y construcción de mejores y más plataformas, han aumentado su valor de forma considerable. Sin embargo, el continuo incremento de amenazas digitales han obligado a las empresas, y especialmente a la industria financiera, a abordar este tema como prioridad con el objetivo de proteger sus negocios y por sobre todo, a sus clientes.

La banca electrónica ha sido explosiva.

En nuestro país, la banca electrónica avanza a paso firme con las nuevas tecnologías. De acuerdo a la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), la evolución en Chile se ha dado por diferentes razones:

  • Incremento de tráfico: El 2017 el número de usuarios de banca online alcanzó a 9 millones, cifra que duplica la registrada hace tan sólo cinco años.
  • Conectividad: En nueve años la proporción de quienes usan los servicios de banca online subió de 9% a 38%.
  • Banca en el bolsillo: Durante el 2017 del 70,3% de los cuentacorrentistas que utilizaron la página web de su banco, el 34,5% se conectó desde un dispositivo móvil.

Sobre esto, Rodrigo Ramírez, ex subsecretario de Telecomunicaciones y actual gestor de múltiples proyectos relacionados con innovación, transformación digital y desarrollo tecnológico comenta:

“La Banca electrónica en Chile está al alcance de todos los ciudadanos, cosa que no pasa en otros países. Aquí, contamos con una excelente estructura financiera en términos de despliegue y oportunidades”.

El tema de la seguridad digital ha estado presente en el mundo financiero desde hace años, pero en el último tiempo ha cobrado prioridad en nuestro país por el fenómeno global de la transformación digital, donde el quehacer de las empresas transcurre en el manejo de información online y el mayor control en relación a los ciberataques. A partir de esto, durante los primeros días de julio el superintendente de Bancos e Instituciones Financieras, Mario Farren, viajó Nueva York con el fin de conocer de primera fuente cómo las entidades financieras de dicho país lidian con incidentes como los enfrentados por algunas instituciones nacionales en el área de la seguridad de las transacciones digitales y así, continuar el proceso de optimizar la banca electrónica y otras industrias del país.

Para Rodrigo, el constante mejoramiento de las plataformas digitales no solo está afectando positivamente a la banca financiera, sino que además a las empresas que proveen este tipo de servicios, tanto dentro como fuera del país. “Todos estos cambios van a generar una mayor oferta” asegura.

“Mientras más fácil sea el acceso, mucho más conveniente es la experiencia por parte del usuario, por lo mismo debemos optimizar de manera tal que dicha combinación de atributos, facilidad y seguridad, siga potenciándose en nuestro país”.

El futuro de la ciberseguridad en Chile.

En la actualidad, hay más tecnologías que integran y se dedican específicamente a la protección de datos: la nube y blockchain son sólo algunas. Sin embargo, no todo pasa por las herramientas que disponemos. Para Rodrigo, el desafío está en el conocimiento del nuevo ciudadano: “Preparar a los consumidores desde el colegio para enfrentar temas como la ciberseguridad es fundamental”.

Este año el Ministerio de Educación (Mineduc) dio a conocer el “Plan de Lenguas Digitales”, actividad que tiene como objetivo central impulsar la transformación digital del país, motivando a estudiantes y docentes, entregándoles herramientas que les permitan desde aprender a programar hasta entender mejor la enseñanza del pensamiento computacional. Una de las tantas iniciativas que hoy aportan al país en la construcción del nuevo ciudadano digital.

Finalmente y ante la pregunta “¿Qué tan protegidos están hoy los datos de los chilenos?”, con respecto a la inversión en ciberseguridad y según estudio realizado por Microsoft, Chile realiza un 30% más de aporte que el promedio general de Latinoamérica, sin embargo, creemos que es indispensable aumentar la inversión y seguir coordinando eficazmente para incrementar nuestras garantías como país de poder combatir e impedir ataques a través de hackers u otra forma de infraestructuras tanto de las instituciones públicas como también privadas.